Todo empezó en un chat, me conectaba cada día alrededor
de una hora más o menos, de manera que conicidia con Gorka,
un chico del norte, estupendo y fácil de conversación.
A lo largo del tiempo acabamos entablando una muy buena amistad, nos
contábamos todo lo que nos sucedía día a día,
lo bueno, lo malo y lo peor; yo le mandé, en una ocasión,
una foto mía para que supiera como soy, pero yo no tenía
ninguna de él, así que para mi era un conocido anónimo.
Algunas veces quedábamos para conectarnos por la noche, aprovechando
la tarifa plana y poder conversar más tiempo, en ocasiones
las charlas tomaban un color y un tono distinto, quizás un
poco más acaloradas, la confianza empezaba a dar sus frutos.
Me atraía mucho, pero en el fondo no sabía quien era
y todo quedaba en una auto satisfacción delante del ordenador.
Debido a mi trabajo, me propusieron ir un fin de semana a la playa
de La Concha, en San Sebastián, para ver unos solares que la
empresa había comprado y poder construir apartamentos en primera
línea de mar. Me pareció una oportunidad fantástica,
tanto a nivel profesional, como personal ya que ese viaje me brindaba
la oportunidad de conocer a Gorka en persona.
En cuanto pude conecté con él y le expliqué todo
lo sucedido, el fin de semana siguiente nos conoceríamos, estaba
impaciente por saber como era mi amigo y amante virtual, él
también estaba contento y nervioso.
El último e-mail que me mandó decía: "Nos
vemos mañana a las 13.30 para comer, te parece? Quedamos en
el solar, no te preocupes yo te reconoceré".
Mi estómago estaba como cerrado y mi corazón palpitaba
rápido, todo a causa de la emoción y la intriga de conocerlo,
me preguntaba continuamente como seria, y por fin llegó el
anhelado día.
Me alojé en un modesto pero acogedor hotel, en el centro de
la ciudad y salí hacia la playa, para ver y crear un proyecto
sobre los nuevos apartamentos, la mañana se me hizo interminable,
deseaba que llegara la hora de la cita.
Cerca de la una y cuarto, se fueron el resto de arquitectos e ingenieros
que me acompañaron para darme las explicaciones pertinentes
y allí me quedé sola, a la expectativa mientras encendía
un cigarro observaba a la gente de alrededor, como buscando una cara
conocida, y fue entonces, cuando alguien posó su mano en mi
hombro y pronunció mi nombre: -Lara?
Me giré y ante mi estaba él, Gorka, Dios que atractivo,
jamás me lo hubiera imaginado, alto y fuerte, de cabello oscuro
y tez morena, enormes ojos grises tras unas pequeñas y rectanguares
gafas de pasta negra y una sonrrisa encantadora, con dos hoyuelos
a cada lado de la cara, no podía creer que eso me estuviera
pasando a mi. Llevaba puesto un abrigo marrón hasta casi los
tobillos y una bufanda a cuadros, el cabello lo llevaba despeinado
a causa del tremendo viento que hacía por esa zona.
Le di un abrazo y dos besos me cogió del brazo y nos fuimos
paseando hasta el restaurante, donde comimos un delicioso pescado,
bebimos vino a raudales y un magnífico café entre risas
y temas variados de conversación.
El se dedicaba a la construcción y diseño de páginas
web, un loco de la informática. Me invitó a su casa
para enseñarme sus últimas creaciones y poder aportar
una opinión objetiva. Vivía en el casco antíguo
de la ciudad, en un viejo piso reformado, de techos muy altos y exquisita
decoración, todo muy ordenado y limpio, me invitó a
entrar a su despacho, donde tenía ciento y un trastos, revistas
de informática y su herramienta de trabajo, un Pc.
Después de un largo rato debatiendo sobre gustos y opiniones
decidimos pasar al salón a tomar un refresco, pues ya era media
tarde, nos sentamos en el sofá y seguimos conversando animadamente
entre sorbo y trago, aparecieron temas un poco más comprometidos,
como los que teníamos en el chat, al principio me avergonzaba
pero poco a poco iba cogiendo la confianza que tenía con el
a través de la red y el ambiente estaba cogiendo temperatura.
Acabó toda su bebida y cogió un cubito de hielo que
quedaba en el fondo del vaso y se lo metió en la boca, lo chupaba
con delicadeza y entredejaba ver su lengua acariciar el trozo de hielo,
no podía evitar mirar sus labios húmedos y su lengua
jugando, me estaba entrando calor y sin darme cuenta sacaba la lengua
para humedecer mis labios, mi respiración empezaba a estar
más agitada, cosa que él pudo apreciar sin ningún
pormenor. Se sacó el cubito de la boca y lo cogió con
los dedos, empezó a pasármelo por los labios y por la
lengua, yo no me opuse a las caricias heladas que me estaba ofreciendo,
me pasaba el hielo por la cara, la barbilla y el cuello mientras su
boca se fundía con la mía y una disputa entre lenguas
empezaba, el hielo se deshacía entre sus dedos y gotas de agua
fría resbalaban por el escote de mi camisa hasta llegar a mis
pechos calientes y duros.
Me besaba el cuello como queriendo recoger el hielo fundido, me desabrochó
los botones uno por uno, despacio hasta que asomaron mis generosas
tetas apretadas dentro del sujetador, las cuales no perdió
ocasión para besarlas igualmente mientras me iba despojando
del resto de ropa, igualmente hacía yo con él, procuraba
quitarle tantas prendas como él a mi, en pocos minutos nos
quedamos los dos desnudos sobre el sofá.
Me tendió alli y sin dejar de besarme cogió el cubito
que había en mi vaso, y me acariciaba con él alrededor
de mis pezones a punto de estallar, con la lengua recogía las
gotas que corrían a través de mi piel caliente, mi espalda
se arqueaba de placer, mientras él seguía bajando el
hielo por mi abdomen hasta llegar a mi raja, con sus dedos me abrió
los labios y ante él estaba mi clítoris ardiente y rojo
como un fresón, intentando apagar el calor con el hielo, sin
conseguirlo, siguió pasandolo por mi sexo, lo retiraba y posaba
su boca caliente en él, esa sensación de frío-calor
me causaba espásmos de placer y le pedí que no parara.
El hielo se acabó de fundir junto con el jugo que mi cuerpo
desprendía a causa del orgasmo que estaba teniéndo.
Cuando recuperé el aliento, me incorporé y me arrodillé
ante el, en una posición sumisa, para coger su verga y chuparla
con la misma delicadeza que él había hecho conmigo,
la pude saborear toda desde el principio hasta el final, pasaba mi
lengua por su punta húmeda y la recorría hasta que la
tenía en lo más profundo de mi boca, la solté
y le pedí que me follara como nunca me habían follado.
Me coloqué a horcajadas encima suyo y agarré su cipote
y me lo metí entero, mientras danzaba con un saca-mete sobre
él, con movimientos circulares, mientras el posaba sus manos
en mis caderas acompañando los sensuales movimientos.
Fue una corrida increiblemente placentera, donde los dos disfrutamos
en el más amplio sentido.